La cirugía percutánea del pie permite corregir los juanetes y los dedos en garra con pequeñas incisiones y prácticamente sin dolor
Los juanetes (hallux valgus), dedos en garra y metatarsalgia (dolor y callosidad en la parte anterior de la planta del pie) son un problema que afecta a una parte importante de la población, especialmente al género femenino. Existe un componente familiar para padecerlos, pero también su aparición se ve influida por el uso de zapato de tacón o de punta estrecha como ha estado de moda en los últimos años. Para muchas personas suponen una causa de dolor en el pie que incluso dificulta el caminar o usar determinado tipo de calzado, pero también un problema estético, sobre todo en verano con el uso de calzado abierto y los baños.
Desafortunadamente no existe ningún otro tratamiento que no sea la cirugía para poder corregirlos. La cirugía tradicional con la técnica abierta consigue muy buenos resultados, pero es muchas veces rechazada por las pacientes por el dolor tras la misma, la colocación de agujas en los dedos y el tiempo que lleva de reposo.
Hoy en día se pueden operar los juanetes con una técnica innovadora, la cirugía percutánea o mínimamente invasiva que permite hacerlo sin abrir el pie, realizando unas simples incisiones de 3 milímetros a través de las cuales se trabaja bajo control radiológico y que permite al paciente salir caminando del quirófano y reincorporase a su trabajo habitual con mayor rapidez. Prácticamente no existen molestias después de la operación y la toma de calmantes puede en muchos casos no ser necesaria.
El procedimiento debe ser realizado por un médico especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología, con anestesia local pero con la presencia de un anestesista y en un quirófano con las condiciones de asepsia habituales a toda operación. No hay que olvidar que aunque sea una cirugía muy leve para el paciente, no deja de ser una intervención quirúrgica que debe realizarse por un personal cualificado y con experiencia en este tipo de procedimientos y en la cirugía tradicional abierta y en un lugar que reúna las máximas garantías. En este sentido, dado el intrusismo existente al igual que ocurre con la cirugía estética, es importante informarse de la cualificación del profesional y asegurarse de que el procedimiento se realiza en un hospital con todos los medios y la presencia de un anestesista.
El procedimiento es sencillo. Primero hay que anestesiar el pie actuando sobre los nervios que recogen la sensibilidad del mismo. A continuación se visualizan los huesos del pie con un aparato de rayos y se procede a realizar tres pequeñas incisiones de unos 3 milímetros cada una con un bisturí especialmente diseñado para este tipo de cirugía, a través de las que se introduce una fresa (aparato que corta el hueso) para extirpar la protuberancia del juanete y corregir el eje del primer metatarsiano (hueso del pie) si es preciso. Posteriormente se actúa sobre la primera falange y resecando una cuña con el ángulo adecuado se corrige la deformidad. Por último se actúa liberando un tendón que tira del dedo gordo hacia dentro permitiendo que recupere una situación adecuada. Si es preciso corregir algún otro problema existente en los dedos pequeños del pie (dedos en garra, metatarsalgia o juanetillo de sastre del dedo pequeño) se actuaría de igual modo que en el dedo gordo) Finalmente se da un punto en cada incisión y se procede a vendar el pie con un vendaje diseñado para este tipo de cirugía y a colocar un zapato especial con el que el paciente podrá salir caminando del quirófano.
De esta forma el paciente regresa a su domicilio por su propio pie sin apenas sufrir, por lo general, dolor postoperatorio, pudiéndose reintegrar a su trabajo enseguida, si es trabajo de oficina, o progresivamente (depende del trabajo que se tenga)
En las siguientes semanas el pie debe ser revisado semanalmente por el médico y cambiar los vendajes. Habitualmente a las 6 semanas se da el alta definitiva y el paciente puede empezar a usar el calzado habitual.
En este tipo de cirugía mínimamente invasiva se realizan los mismos gestos quirúrgicos que en la cirugía tradicional abierta pero con pequeñas incisiones. Esto permite que la agresión sea menor y por lo tanto el dolor y la limitación para la marcha en el postoperatorio inmediato.
Cada vez es más habitual en la medicina moderna intentar realizar los procedimientos quirúrgicos con la mínima agresividad posible, lo que evita el ingreso del paciente y hace que la recuperación sea más rápida y menos dolorosa.
Dr. Andrés Barriga Martín
Médico especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología
Centro médico MEDIRVAL
925 284 282




